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Regar

El agua es la sangre de la tierra y, en definitiva, de las plantas. Es el elemento en que se disuelven las sustancias nutritivas presentes en la tierra y facilita tanto su absorción por parte de las raíces -e incluso las hojas gracias a la humedad del aire- como también permite y estimula la proliferación de microorganismos y de las micorrizas, que se encargan de asimilar estos elementos químicos y nutrir con ellos a las plantas.

A la hora de realizar el riego de nuestras plantas, hay que conocer las necesidades de cada planta en cada uno de sus ciclos vegetativos, ya que no tienen las mismas necesidades hídricas una lechuga, un naranjo o un cereal.

Técnicas de riego:

Riego por goteo:

El riego por goteo, ya sea con el sistema interlínea o por exudación, está consiguiendo los mejores rendimientos con el mínimo uso de agua, al permitir que cada planta tenga el grado de humedad óptimo en todo momento, pudiendo regularse en cada período de su ciclo vegetativo.

Riego por inundación:

El riego por inundación en surcos, bancales y acequias, ofrece el balance más desfavorable en el consumo de agua por hectárea: aporta grandes cantidades de agua en un día determinado, pero las plantas pueden permanecer sedientas durante largos períodos.

Acolchado del suelo:

El acolchado del suelo (mulching) con materias vegetales como paja, restos de cosechas, etc., o en caso concretos con plásticos evitará la excesiva y rápida evaporación e implicara un gran ahorro de agua.

Acolchado verde:

El acolchado verde también es práctica frecuente, y se realiza con leguminosas como el trébol, que crecen junto a las plantas cultivadas. Evitan la radiación directa del sol sobre la tierra y reducen sus efectos evaporadores, aunque el calor y el aire ejercen una evapotranspiración que en la mayoría de ocasiones no nos permite ahorrar riegos. Las ventajas de este sistema nos vienen dadas por el hecho conocido de que las leguminosas absorben nitrógeno atmosférico y lo incorporan al suelo gracias a las bacterias nitrificadoras que viven en sus raíces.

Sistemas de aspersión:

Los sistemas de aspersión son ideales en cultivos forrajeros, en las plantas de hoja ancha (acelgas), en las raíces (zanahorias, remolachas) y en la germinación de semillas. Es el riego más parecido al natural: la lluvia. Pero tiene sus inconvenientes, sobre todo el hecho de ser muy aparatoso su uso, en particular si no disponemos de una buena instalación y debemos ir moviendo manualmente los aspersores de sitio -aunque existen sistemas de microaspersión muy manejables-. También tiene el problema de que muchas plantas hortícolas son sensibles a las enfermedades criptogámicas y el agua retenida en las hojas de las tomates, pepinos o melones favorece la proliferación de estas enfermedades.

Cuando regar:

  • El momento idóneo para el riego depende de sistema empleado, de la climatología y de la estación. El agua suele tener en la mayoría de lugares una temperatura que ronda los 14-15ºC, por lo que podemos usarla para modular o atemperar las temperaturas ambientales.
  • En verano no es conveniente regar al mediodía o con calor intenso, pues puede producir un choque térmico desfavorable para las plantas. Será preferible hacerlo al amanecer y sobre todo al atardecer, lo que reducirá el exceso de calor acumulado en el suelo y por la noche se evaporará menos agua.
  • En invierno podemos regar a cualquier hora, aunque quizás sea preferible hacerlo alrededor del mediodía, evitando el atardecer en las zonas muy frías, pues podría helarse el agua que no haya sido absorbida por la tierra y causar daños a las plantas.
  • Durante los periodos de vientos intensos habrá que evitar los sistemas de riego por aspersión, pues la fuerte evaporación que se produce en esas circunstancias enfriaría demasiado las plantas o la tierra.
  • Cuando algún cultivo ha padecido una deshidratación excesiva, cosa que observamos por lo marchito de sus hojas, la inclinación de los tallos y la caída de las flores y frutos, hay que intervenir con rapidez. En casos de emergencia sombrearemos las plantas o esperaremos a la puesta del sol para regarlas con aspersión a intervalos regulares, esperando que entre una aplicación y otra las hojas absorban el agua. Después las regaremos en abundancia.