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En plena naturaleza, allí donde no interviene la acción directa de los seres humanos, el desarrollo vegetal se produce de forma continuada según un efecto de retroalimentación permanente: las hojas, las hierbas y los arbustos muertos se descomponen sobre la superficie del suelo generando una capa de compuestos orgánicos que van infiltrando nutrientes al suelo y que resultan ser el alimento de las plantas que allí crecen.

Las plantas, tanto la insignificante hierba como los grandes árboles, absorben del aire muchos nutrientes, que emplean para su desarrollo, y lo hacen merced al proceso de fotosíntesis del laboratorio follar que alimenta energéticamente la radiación solar.

El carbono, nitrógeno, hidrógeno y oxígeno, son los elementos claves del desarrollo vegetal, presentes en la naturaleza mediante un circuito cerrado, en donde el arrastre de nutrientes por acción del agua de lluvia y su filtración hacia las capas profundas de la tierra, se compensa por el aporte atmosférico y la fotosíntesis.

Así también los animales devuelven la parte de vegetales que consumen en forma de abono y a la muerte de los mismos le sigue una descomposición que termina nutriendo a las plantas. Por eso decimos que es el circuito cerrado de la naturaleza, porque se retroalimenta a sí mismo.

Esto no sucede en los circuitos que realizamos los humanos, pues arrancamos vegetales de un suelo para exportarlos o llevarlos lejos del lugar de origen y esto nos obliga a restituir, con cierta regularidad, las pérdidas o las exportaciones de materia orgánica o nutrientes del suelo.

Por eso a la hora de tener nuestro huerto ecológico, debemos tener presente una serie de principios que nos serán de mucha ayuda al momento de nutrir nuestras plantitas.

Principios del correcto abonado:

  • Restituir al suelo los nutrientes y la materia orgánica que le hayan sido arrancados. Esto es posible con la aportación de estiércol, compost o cualquier materia orgánica disponible. Podemos compostar los restos de cosechas y los desechos orgánicos de nuestras casas y les podemos añadir la enmiendas minerales (rocas molidas) que se consideren necesarias.
  • Evitar la eroción del  suelo con técnicas de laboreo adecuadas y procurando mantener una constante cubierta vegetal, sea verde o seca (acolchado).
  • Evitar en la medida de lo posible las pérdidas de nutrientes o elementos químicos del suelo por lixiviación o lavado de la tierra por efecto de lluvias o del riego. Para ello usaremos generosamente los abonos orgánicos generadores de humus y cuyas fibras vegetales en el suelo cumplen la función de esponjas que absorben el agua y la retienen hasta que las raíces de la planta la necesite. Aportaremos minerales de absorción lenta y progresiva. Mantendremos una cubierta vegetal cuyas raíces retengan el suelo y los nutrientes, y haremos uso regular de los abonos verdes.
  • La fijación del nitrógeno atmosférico puede realizarse con los abonos verdes que combinan leguminosas y gramíneas solos o asociados con los cultivos. Las leguminosas fijan el nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias nitrificantes que conviven en simbiosis con sus raíces.
  • El uso de rocas y minerales pulverizados puede complementar los abonos orgánicos y corregir las deficiencias minerales o los problemas de acidez que puedan existir en determinados suelos.
  • En la práctica de la agricultura ecológica no se hará nunca uso de abonos químicos de síntesis, es decir, abonos que han sido obtenidos industrialmente del nitrógeno del aire o de minerales naturales que se han solubilizado mediante tratamientos con ácidos.

¿Para qué sirve el abonado?

El abonado sirve para mantener o mejorar el desarrollo vegetal y la productividad del ecosistema agrícola,equilibrando el balance entre las exportaciones (lo que sale del huerto) y las importaciones (lo que entra en él). También se intenta con el abonado compensar los posibles desequilibrios o deficiencias que pudieran existir en la tierra de cultivo. Aunque no debemos olvidar que la función última del abonado es alimentar la tierra y a los seres que en ella viven, para que aporten vida y alimenten a su vez a las plantas que habitan en ese suelo.